La artesanía italiana del calzado aspira a ser Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO

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Italia quiere que el mundo reconozca oficialmente lo que lleva décadas demostrando: que confeccionar un zapato es mucho más que producir un artículo de moda. Es tradición y cultura. El oficio de zapatero es un conocimiento que se transmite de generación en generación. Está profundamente ligado al territorio, y por ello, merece ser protegido. 

El pasado 11 de junio de 2026, la industria manufacturera italiana presentó oficialmente en Roma su candidatura del Arte de la Artesanía Italiana del Calzado para su inclusión en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. 

Durante el acto, moderado por el periodista Nicola Porro, se constituyó formalmente el Comité Promotor, presidido por Giovanna Ceolini. La iniciativa ha sido impulsada por el Ministerio de Empresa y Made in Italy y coordinada por Assocalzaturifici. Esta representa uno de los proyectos más ambiciosos emprendidos en los últimos años por la industria italiana del calzado. 

Mucho más que un reconocimiento 

Cuando se habla de una candidatura a la UNESCO es fácil pensar únicamente en un sello de prestigio. Sin embargo, el objetivo va mucho más allá.

La Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial protege aquellos conocimientos, técnicas y prácticas que forman parte de la identidad de una comunidad y que siguen vivos gracias a las personas que los mantienen y transmiten.

En este caso, no se pretende reconocer un producto concreto, sino todo el engranaje que hace posible el calzado italiano. Desde los oficios artesanos, las técnicas de fabricación, la cultura empresarial, los distritos industriales, la innovación aplicada a la tradición, a el relevo generacional. 

Empresas, escuelas y territorios unidos

El comité está presidido por Giovanna Ceolini, presidenta de Assocalzaturifici, e integra a entidades como Museimpresa – asociación italiana de museos y archivos -, Cercal – escuela de calzado – y Politecnico Calzaturiero – instituto de formación profesional. Además, el comité  cuenta con la colaboración científica de la Cátedra UNESCO de la Universidad Unitelma Sapienza.

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es que no se centra sólo en las empresas. La candidatura hace partícipe a toda la cadena: fabricantes, trabajadores especializados, centros de formación, instituciones, distritos productivos y nuevas generaciones. Pues la artesanía sólo puede conservarse si continúa practicándose y transmitiendose entre todos.

Cabe destacar también que el evento fue respaldado por las principales regiones productoras de calzado: Lombardía, Véneto, Marcas, Apulia, Campania, Emilia-Romaña y Toscana. Esto demuestra su alcance nacional.

El sector del calzado cuenta con el respaldo institucional 

La presentación de la candidatura reunió a dos ministros del Gobierno italiano, una muestra de la importancia estratégica que el Ejecutivo concede a la industria del calzado.

El ministro de Empresa y Made in Italy, Adolfo Urso, destacó que el calzado representa una de las expresiones más reconocibles del sistema productivo italiano y defendió la necesidad de preservar un modelo basado en el equilibrio entre tradición, innovación y empleo cualificado.

Por su parte, el ministro de Educación, Giuseppe Valditara, puso el foco en otro de los grandes desafíos del sector: atraer talento joven y reforzar la conexión entre la formación profesional y las necesidades reales de la industria. El relevo generacional es hoy uno de los principales retos para muchas empresas europeas del calzado.

La candidatura llega en un momento delicado

Los últimos datos publicados por Assocalzaturifici reflejan un comienzo de 2026 complicado para la industria italiana, donde se ha producido un descenso de la facturación, la caída de las exportaciones, una reducción del número de empresas activas y pérdida de empleo. Todo ello, en un escenario internacional marcado por la incertidumbre geopolítica.

La candidatura a Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, reforzaría el valor intangible del Made in Italy, convirtiéndose en una estrategia para mejorar la competitividad del sector. La diferenciación ya no depende únicamente del diseño o de la calidad del producto, sino también de la capacidad para comunicar el valor cultural que hay detrás de cada proceso de fabricación.

Una lección para toda la industria europea

La candidatura italiana abre también una reflexión para países donde la tradición zapatera está muy arraigada, como España o Portugal. Mientras parte de la industria manufacturera europea, se enfoca exclusivamente en la innovación tecnológica, Italia demuestra que tradición e innovación no son conceptos opuestos. Al contrario, preservar el conocimiento artesanal puede ser una ventaja competitiva en un mercado global, donde el consumidor valora cada vez más el origen, la autenticidad y la trazabilidad.

El reconocimiento de la UNESCO supondría un gran impulso para la proyección internacional del sector del calzado. Pero, sobre todo, garantizaría que el patrimonio perdure en el tiempo y el conocimiento siga transmitiéndose a las próximas generaciones.

En definitiva, detrás de un zapato italiano no solo hay diseño o moda. Hay historia, cultura industrial, identidad territorial y miles de manos que, desde hace décadas, mantienen vivo el legado del Made in Italy

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